martes, 12 de agosto de 2008

El camino de Santiago a su paso por Avilés


El camino de Santiago comienza en la iglesia de Trasona. Allí, junto a sus muros, está la primera concha del recorrido, la vieira que indica la ruta a Galicia y que se ha convertido en el emblema del peregrino que busca la tumba del apóstol.

En la avenida de Cervantes, un grupo de caballeros templarios sale del albergue de Peregrinos. Cambiaron los caballos por bicicletas y la armadura por una camiseta blanca en la que destaca, roja, la cruz templaria en forma de «T» que se ha convertido en otro de los símbolos del Camino. Vienen de Ponferrada. Durmieron en Avilés, y con el semáforo en verde ya cruzan para subir Rivero. No tan madrugadores como ellos, en el albergue todavía quedan caminantes.

Los arcos de La Ferrería son la siguiente imagen de la ruta, que, una vez en el parque del Muelle, se desdibuja. Los referentes se diluyen hasta llegar a Sabugo, donde comienza la subida, por la avenida de Alemania, hacia San Cristóbal. Un derroche de pintura amarilla permite, ahora sí, seguir el camino sin titubeos, y comenzar a sentir en las piernas el peso de las cuestas, junto a la nueva zona residencial de Avilés.

San Cristóbal, donde las grandes mansiones comparten carretera con pequeñas explotaciones agrarias de bulliciosas gallinas, es un agradable llaneo que culmina en Bastián, en dirección a la costa, y que «cae» a Raíces Viejo a través de La Cuesta y de La Folleca. La vista del mar, antes de comenzar el descenso, es una de las estampas más gratificantes de la ruta.

No hay remordimientos para hacer una parada técnica y tomar un café con hielo y algo para picar: los establecimientos de Raíces reciben, día sí y día también a peregrinos sedientos. Muchos, explica una hostelera, deciden hacer unos metros de más para allegarse hasta la iglesia de Raíces Viejo antes de atravesar Salinas por El Campón.

Después, el camino discurre por San Martín de Laspra, donde nuevas cuestas ponen a prueba la resistencia. Sólo después de ver la iglesia, que atesora con su ventana geminada uno de los pocos restos prerrománicos de la comarca, comienza la bajada al Pontón.

Esta es la última travesía urbana hasta llegar a Soto del Barco. Los peregrinos que sigan las flechas seguirán por El Villar, junto a las urbanizaciones de Piedras Blancas.

El peregrino está cansado. Su mochila de novato, cargada en exceso, es un lastre que reconoce que tendrá que aligerar. Se justifica: pensaba que iba a encontrarse con frío y mal tiempo, pero el sol sonríe, y él también, con resignación.

Es hora de decidir cuál de los dos caminos señalados es el bueno. Un vecino levanta el brazo, amable, y señala el de la izquierda. Sea. Unos metros más allá, una alegre pandilla de chiquillos se pone a seguir a David Gasi con ganas de fiesta. Imitan sus gestos al andar, el marcar del ritmo con el bordón.

Más allá es un perro amistoso el que acompaña al caminante en las últimas casas del pueblo, antes de introducirse en el bosque, por un camino que corre paralelo a la rasa de Ranón.

Explotaciones mineras, carteles de peligro, desmonte de terrenos, y también dudas, crisis de fe. Dudas, sí, sembradas por algún inconsciente que cambió las flechas y que hace perder un kilómetro precioso con las fuerzas ya justas.

Y este dúo de peregrinos camina y camina sin ver la hora de llegar a Ranón, para hacer un nuevo intermedio que nunca llegará a producirse. Por una razón muy simple: el Camino no pasa por el pueblo de Ranón.

Se adentra en el monte de La Granda y cuando por fin los árboles dejan ver, el río Nalón saluda con rotundidad. El barrio de El Castillo está ya ahí, a un suspiro. Bienvenidos a Soto del Barco.

De El Castillo se pasa a Soto en un decir amén. A lo lejos, pero realmente muy a lo lejos, se distingue un puente sobre la carretera del aeropuerto que hubo que atravesar varias horas antes.

Soto del Barco queda también atrás y a la vera del río, una última foto, junto a las lanchas de los pescadores, con el puente que anuncia la entrada en el concejo de Muros del Nalón.

(Con la colaboración de la NE/Elisa Campo)

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