
Las fiestas de San Roque de Llanes son un claro ejemplo de la permanencia de la tradición, de todo un pueblo que rinde tributo año tras año cada 16 de agosto al santo.
Con las mejores galas y la sonrisa más orgullosa de las madres y padres que vieron desfilar a sus hijos por primera vez en la procesión de San Roque, los vecinos inundaron ayer las principales calles de la villa, en las que lucieron los trajes típicos de llaniscos y porruanos. No faltó la música tradicional y los bailes populares, que volvieron a cobrar protagonismo en el día grande de las fiesta de San Roque.
Un año más la villa llanisca se vistió de gala para conmemorar esta fiesta surgida, según cuentan las crónicas, allá por el siglo XIII para celebrar la inauguración de la hospedería de San Roque como albergue de peregrinos que iban a Santiago de Compostela.
(Con la Colaboración de la NE)

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