jueves, 28 de agosto de 2008

Fernando Rubio, párroco de San Juan de Oviedo, hace balance de sus 47 años en la parroquia


Fernando Rubio, llegó a la parroquia de San Juan El Real el 4 de agosto de 1961 y a lo largo de estos últimos 47 años ha visto cómo ha cambiado la fisonomía de sus calles y de sus ciudadanos. Muchos ovetenses, dice, piensan en San Juan como «la parroquia rica» de Oviedo, pero él tiene argumentos para desmentir esa creencia: «Se tiene una idea equivocada de quienes viven en el centro de Oviedo pero, sin ir más lejos, veamos las casas del Cuitu. En pisos de trescientos metros residen personas de más de ochenta años que antes vivían del "cuponín" y que están pagando trescientas o cuatrocientas pesetas de alquiler».

Los que viven solos reciben la visita del propio párroco, que a sus 77 años recorre todos los domingos las casas de veinte ancianos, a los que les acerca la comunión y su compañía. «¿Sabe quiénes son los que te esperan con más ansia? Los más ricos, porque los fines de semana los hijos se van a Brañillín, la mujer está jugando al brigde... Los más atendidos los fines de semana son los pobres, preparan la comida y están con el padre o la madre... Son cosas que se aprenden del contacto con la gente», expone, tras muchos años de experiencia y observación de la naturaleza humana.

Muy lejos le quedan al párroco de San Juan los tiempos de su llegada a Oviedo, cuando, según cuenta, las fuerzas vivas de la ciudad lo tenían por comunista porque lo primero que hizo fue abolir el cobro por las ceremonias y proponer a los fieles que voluntariamente decidieran qué aportación económica debían hacer a la iglesia. Con esta fórmula curiosamente y según dice, los ingresos se incrementaron. «Hay que ser católico de cabeza, de corazón y de bolsillo», es la premisa del sacerdote.

La primera vez que entró en la iglesia, recuerda, encontró las paredes viniéndose abajo. Llovía en el interior y las ratas corrían por el suelo. Poco a poco Fernando Rubio fue rehaciendo el edificio, que cuando se construyó, entre 1905 y 1915, costó un millón de pesetas. Ahora, según los datos de su titular, está tasada 18 millones de euros.

Simultáneamente a la rehabilitación de la iglesia, Fernando Rubio consolidó la parroquia y su actividad con un edificio, el de la calle Fray Ceferino, que fue inaugurado en 1969. En él invirtieron 14 millones. Este ha sido el centro de la vida parroquial durante estos últimos años. Sus locales están ocupados por Cáritas, Alcohólicos Anónimos, asociaciones de comedores compulsivos y ludópatas, el despacho de la Asociación Padrinos Asturianos -que tiene 500 niños apadrinados en Colombia-, un salón de actos con 600 butacas y una residencia para ancianas.

(Con la colaboración de la NE)

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