
Relajado y a las mismas puertas del monasterio de Santa María, el prior de la congregación cisterciense que allí habita desde 1992, el padre Jorge Gibert, asegura tajante: «Espero morirme en Valdediós».
Así de clara y diáfana fue su respuesta a la cuestión que desde principios de año le han planteado sobre su futuro en el valle cientos de veces y que nunca hasta ahora había contestado con tanta seguridad y tranquilidad.
De hecho, desde que en febrero se hizo pública la intención de recurrir la orden de la Santa Sede que pretende el fin de la presencia de los representantes del Cister en el milenario monasterio, Gibert parecía mantener un voto de silencio.
Ayer lo rompió y lo hizo para manifestar su convencimiento de que una labor como la que han llevado a cabo entre sus muros, «en la que se han invertido esfuerzos de todo género» no debe quedar en el aire, máxime cuando los argumentos esgrimidos por las autoridades eclesiásticas, basados en la escasa ocupación del monasterio (tres monjes, incluido el prior, y un oblato), pueden ser rebatidos con datos de otras congregaciones.
Y así lo hace el máximo responsable de la orden en Asturias, aportando las cifras de diez conventos, que no superan los cuatro monjes, teniendo seis de ellos una población de tres, incluido abad o prior, y en la que aparecen cinco monasterios con «la misma condición jurídica de Valdediós».
(Con la colaboración del Comercio)

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