miércoles, 17 de septiembre de 2008

Curas asturianos con encanto

Viendo con agrado en estas páginas el día de la Santina algunas alusiones y merecidos reconocimientos a sacerdotes emblemáticos como José Luis Martínez, o José Manuel Valle, decano de los sacerdotes en activo, no dejo de recordar a dos también muy veteranos, coadjutores de la parroquia de San Pedro en las décadas de los años cuarenta y cincuenta: Avelino Gómez Rodríguez y José Fernández García Loredo.

Don Avelino es párroco de La Caridad, en el municipio de El Franco desde hace cincuenta años. A pesar de sus 86 años, sigue ejerciendo su ministerio en cuatro parroquias de la zona, más la capellanía del Hospital de Jarrio, visitando a diario todas las habitaciones, y con lo que implica recorrer en coche unos cuantos kilómetros todos los días?

Recientemente tuve la satisfacción de visitarle. Aunque llevase mucho tiempo sin verle, las visitas realizadas con mi familia, y su hospitalidad «benedictina» sirvieron para que el encuentro resultase muy emotivo. Enseguida me ofreció su casa, y me pidió que le contase novedades de Gijón. Don Avelino pronto se interesó por mis padres, y con lógica naturalidad recordó sus diez años vividos en la parroquia de San Pedro de Gijón (1947-1957), hasta el fallecimiento de don Marino Soria, momento en el que considera que se ha terminado un ciclo y pide cambio de destino.

En ese decenio, volcada la parroquia con la juventud, él se encargó de la sección masculina de Acción Católica y don José de la sección femenina.

Comenta don Avelino su peculiar misión de impulsar el cine parroquial para entretener a los jóvenes de entonces, muchos ya septuagenarios. Él, junto con mi tío Isolino y una monja del Colegio San Vicente, fueron a León para obtener el título de operador de cine, requisito para poder proyectar las películas. Señala con simpatía cómo había que agudizar el ingenio con pequeños trucos para tapar las escenas que por entonces se entendían «picantes».

Por otra parte, José Fernández García-Loredo tuvo su primer destino como sacerdote en la parroquia de San Pedro, entre los años 1952 y 1958, momento en el que es reclamado para crear la parroquia de San Miguel. En esta nueva etapa, trabaja con mucha ilusión a pesar de las dificultades, pero gracias a un buen equipo de colaboradores del barrio le resulta todo más llevadero. Prueba de ello es que la parroquia que en un principio iba a llamarse Sagrada Familia (aclaremos que con este nombre aún no estaba creada la de Contrueces, regentada por mi tío Aurelio desde su fundación), gracias a la mediación de don José, finalmente se la denominó San Miguel en alusión al nombre de pila del arquitecto que colaboró desinteresadamente en el proyecto. No obstante, sobre la historia de esta parroquia corresponde a sus feligreses evocar aquella etapa vivida con gran intensidad.

Recuerdo un encuentro muy agradable con don José al visitarle en su domicilio y aprovechar aquella ocasión para agradecerle que se personase en el tanatorio cuando falleció mi madre.

Estos veteranos sacerdotes, como otros muchos también de avanzada edad, aunque no les gusten los homenajes, bien merecen reconocimiento por su ilusión, esfuerzo, y discreción.

Estanislao de Kostka Lloréns Menéndez, secretario de la Hermandad de la Santa Vera Cruz.

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