
Las jornadas del congreso de la Asociación de Archiveros de la Iglesia, que se celebran en Oviedo desde el martes, dedicaron la tarde de ayer al Arca Santa, con la catedrática de Paleografía y Diplomática María Josefa Sanz siguiendo la pista de este relicario en manuscritos y documentos medievales.
Sanz presentó la difusión de su existencia y los beneficios vinculados a él como una estrategia de poder de Alfonso VI, publicidad política al servicio de sus intereses y los de la diócesis. «La Catedral es la prueba del poder de esas reliquias: no la podríamos ver si no fuera por el dinero que trajeron las peregrinaciones, que permitió construirla canto a canto», declaró.
«El gran negocio de la Catedral, dicho con todo el respeto, está basado en las reliquias», indicó durante su exposición, pero aún así, admitió, «la Santa Cruz acabó ganándoles la partida». Con esa afirmación se refería a la concesión del Jubileo de la Santa Cruz, que fue otorgado por el Papa Eugenio IV y que adoptó ese nombre en lugar de dedicarse a las reliquias. En el siglo XIV, recordó, se creó la cofradía de la Cámara Santa que ofrecía a sus miembros la absolución por parte de cualquier clérigo de los «casos pontificales» o pecados mayores, que sólo con la intervención del Papa eran perdonados. La fundación de esa cofradía en 1346, en la que para ingresar había que pagar 12 maravedíes, está estrechamente vinculada, según Sanz, a la construcción de la Catedral.
Las indulgencias que la peregrinación al Salvador otorgaba se publicitaron en cartas de indulgencias. Josefa Sanz mostró una reproducción de una de ellas, datada en 1465, y que estuvo colgada en la puerta de una pequeña parroquia de Cangas de Narcea. «Es como un cartel publicitario», comentó.
(Con la colaboración de la NE)

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