
Saúl FERNÁNDEZ
-¿Hay foto?
-Pues ya ve que es necesaria.
-Entonces espere, que me pongo el alzacuellos.
Y eso es lo que hace Juan José Tuñón (Pola de Lena, 1956), que es el nuevo abad de Covadonga. La semana que viene toma posesión del cargo, en la misma basílica más que centenaria. Desde el domingo 28 se sentará a la derecha del Arzobispo de Oviedo. Pero, antes, se despedirá de los vecinos de las cuatro parroquias que ha dirigido en estas últimas tres décadas. Mañana, que es domingo, dirá misa por última vez en Santiago del Monte, en Bayas, en Naveces y en Santa María del Mar. Toda la costa de Castrillón.
-¿Cómo recibió el nombramiento de abad de Covadonga?
-En principio, con satisfacción y gran alegría. Covadonga es un lugar muy singular para Asturias y este nombramiento supone que tanto la diócesis como el Arzobispo han depositado en mi una gran confianza.
-Lo que quería saber, perdone, era cómo le comunicaron el nombramiento.
-Fue sencillo. Como sabe, pertenezco a la curia (es presidente de la Comisión de Patrimonio del Arzobispado). Bueno, Carlos Osoro me preguntó si tenía deseo de dedicar mi tiempo al santuario más importante de Asturias y, después de meditar cómo debía asumir la tarea que se me había encomendado, dije que sí.
-¿Y qué hace un abad en Covadonga?
-Preocuparse del santuario, de la escolanía, de la basílica... Coordinar la vida eclesial, mantener estrechas relaciones con el Arzobispado que es, a fin de cuentas, quien dibuja la línea de trabajo que debemos seguir. Hay que acoger a los peregrinos, a las familias que acuden a Covadonga a pasar un día de campo. Representar a Covadonga ante cualquier institución cuando así lo disponga el Arzobispado...
-Vamos, que trabajo no le va a faltar.
-Desde luego que no. Ya sabe cuántas familias llegan a Covadonga por cualquier causa... Allí están las raíces históricas y culturales de los asturianos. Enseñamos Covadonga a los familiares que vienen de fuera como si de nuestra casa se tratara... Y eso está bien. Luego está la propia imagen de la Virgen, la naturaleza que rodea el santuario... Sin olvidar, desde luego, motivaciones religiosas. Siempre digo que quien va a Covadonga lo hace con buen corazón y sale con el corazón todavía mejor.
-Y, además, como dice, también es un destino turístico de primer orden.
-A los que no creen, a los que no son practicantes, Covadonga también les tira. Covadonga, no cabe ninguna duda, tiene un algo que la hace especial.
-Vaya responsabilidad, ¿no?
-Es como para pensarlo en profundidad. Mi experiencia hasta la fecha había sido en parroquias rurales y, desde ese punto de vista, Covadonga impone, porque todos tenemos la vista puesta en el santuario... Además, todo esto supone salir de la privacidad y de la actividad discreta que ha venido llevando a cabo hasta la fecha.
-Y, además, conceder entrevistas.
-Tiene razón, conceder entrevistas y aprender a dialogar con los medios de comunicación que, no lo digo porque esté usted delante, hacen una labor enriquecedora y tienen a Covadonga muy presente.
-Toma posesión el próximo 28 de septiembre.
-Sí, dentro de dos domingos. A las seis de tarde, en la basílica. Será una ceremonia sencilla, abierta a cualquier persona que esté interesada.
-¿Y en qué consiste?
-Se lee el nombramiento en un momento de la misa. El Arzobispo preside la ceremonia. Entonces se me entregan las insignias que van con el cargo y me incorporo al sitial que se me tiene reservado que, como sabe, es a la derecha del Arzobispo.
-¿Cuánta gente trabaja en el santuario?
-Durante el invierno, dos canónigos más el abad. Luego, en verano se incorporan algunos más, de Asturias y de fuera de Asturias.
-Hasta el día de Covadonga.
-Y con la Novena. Es el momento en que hay más sacerdotes. Por eso le decía que a mi labor pastoral se une la de coordinar la llegada de peregrinos y de curas.
-Sustituye a Florentino Hoyos.
-Que, fíjese, era alumno mío en el Seminario. Marcha destinado a la parroquia de Llanes.
-Treinta años en la comarca de Avilés.
-Casi. Llegué aquí con 22. Entonces era diácono en el Poblado de Pescadores, luego, como párroco, pasé a Las Vegas y, en 1978, me hice cargo de Naveces, de Santiago del Monte, de Santa María del Mar y de Bayas.
-¿Y qué se lleva?
-Me cuesta dejar esta vida, siempre he estado muy cerca de Avilés, han sido años de labor intensa y enriquecedora. Éstos han sido los años de la ampliación de mis estudios en Roma, de mi incorporación a los asuntos patrimoniales... Los vecinos me permitieron armonizar mi labor pastoral con el crecimiento personal. Por eso no puedo sentir más que gratitud hacia todos ellos. Los párrocos vivimos muy cerca de los vecinos. A muchos de ellos los bauticé, luego me ayudaron en misa y ahora están a punto de casarse...
-Hay un homenaje.
-Me despido el domingo de los feligreses de las cuatro parroquias y, después, por la tarde, en el hotel Marqués de la Moral de Naveces, hay una espicha.
-¿Levantó ya la casa?
-Prácticamente. Los que nos dedicamos a esto de la historia nos llenamos de libros, casi cinco mil que tengo que meter en cajas.
-¿En Covadonga ya les encontró hueco?
-Sí, sí. Está todo controlado.
-Profesor de Seminario, ¿por qué no hay curas?
-La vida sacerdotal tiene una serie de implicaciones vitales muy profundas que a mucha gente le asustan. El sacerdocio supone la renuncia a cosas importantes y exige una exclusividad que no todos están dispuestos a asumir.
-O sea, ¿la vida es demasiado laica?
-Vivimos momentos en que lo material y lo laico se valora sobre lo espiritual y eso hace difícil cultivar vocaciones.
-¿Y si hablamos del patrimonio eclesial?
-El de Asturias es muy importante y valorarlo desde el punto de vista de la riqueza, me parece un planteamiento erróneo.
-Pero convendrá conmigo en que precisa de dinero.
-Evidentemente, el dinero es necesario, como es necesario el respaldo de las administraciones regional y locales. Porque este patrimonio repercute en todos.
(Con la colaboración de la NE)

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